Cosmología de las emociones

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Por Gonzalo Córdova

Vamos a entrar en una conversación muy profunda de manera bastante breve, que implica mirar con nuevos ojos, situaciones que vivimos día a día y que rara vez nos detenemos a observar pues en general, se han convertido en momentos transparentes dado que lo practicamos desde muy temprano luego de llegar a este mundo. Cuando nacemos, de forma inmediata, iniciamos un viaje a la alfabetización y esto nos lleva a convertirnos en seres altamente lingüísticos. Muy pero muy rápido aprendemos que a través del lenguaje obtenemos leche, atención, nos cambian el pañal y recibimos lo que necesitamos, lo que nos hace falta, etc. 

En esa etapa el lenguaje que nuestros padres nos van enseñando es un tanto gutural y con tonos agudos para que en nuestro pequeño ser vayamos distinguiendo desde ese momento, la intensión con la que nos transmiten los mensajes. Como vemos, ya dentro del fenómeno lenguaje, vemos y vamos aprendiendo que los tonos en la voz tienen representaciones en el mundo emocional y conforme crecemos, de forma orgánica, vamos a irnos empapando de diversas formas de sentir y experimentar la realidad que se nos va presentando. 

Para entender las emociones hay muchos caminos. Primer veremos su etimología y después exploraremos la parte más trascendental, es decir, la forma de experimentarlas en el cuerpo. La palabra emoción viene del latín e-motio, motionare, que significa literalmente, poner en movimiento. Por lo tanto las emociones son eso que nos predispone a movernos de cierta manera. Esto también explica el título de nuestra conversación donde nos estamos atreviendo a explorar la cosmología de las emociones, es decir, el universo de aquello que nos hace movernos. Cuando nos ocurren sucesos en la vida y nos toman por sorpresa a veces brincamos, otras veces nos exaltamos, otras veces salimos huyendo, y quizás otras veces deseamos escondernos. Esto ejemplifica como, dependiendo de nuestra emoción nuestro cuerpo adopta una predisposición a movernos. 

Intentar reducir el mundo emocional a una experiencia lingüística por tanto, limita la sabiduría y la profunda naturaleza que el mundo emocional nos abre, sin embargo y para efectos de este podcast es válido comentar que esta demostrado científicamente que, sin importar dónde hemos nacido, qué idioma aprendimos a hablar y qué cultura nos recibió en la vida, hay cinco emociones que podemos distinguir de forma innata: la tristeza, el enojo, la alegría, el erotismo, la ternura y el miedo. 

Las emociones deben ser entendidas como un fenómeno físico que se manifiesta 100% corporalmente y que son detonadas por un juicio o postura mental que tenemos frente a ese fenómeno. Sin embargo, también podemos manifestar las emociones sin ningún diálogo interno, sin absoluta ayuda lingüística y únicamente siguiendo lo que algunos autores llaman, patrones efectores. 

Para ser más precisos aún, entendamos que las emociones tienen tres electores o componentes básicos que consisten en 1) los gestos, 2) la respiración, y 3) la postura corporal. Cada emoción tiene características particulares y muy distintivas en cada una de estas tres dimensiones de manera que la tristeza y el enojo respiran y gesticulan distinto, por lo tanto la postura del cuerpo en la tristeza y el enojo son distintas y así con las demás emociones. La “técnica” más pura en el mundo emocional es cuando aprendemos que nuestro cuerpo ya tiene integradas todas las emociones que lo único que nos toca es descubrir las llaves correctas 

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para que esa emoción se exprese. Muchos actores utilizan esta forma de canalizar las emociones pues permite al actor encarnar de forma mucho más consciente la emoción en las tres dimensiones que hemos compartido anteriormente. 

Por favor recordemos: el mundo emocional lo tenemos integrado y está completo al nacer, nos viene de fábrica instalado. Nosotros, al paso del tiempo y al vernos inmersos en la vida y nuestras experiencias, nos vamos facilitando o imposibilitando el mundo emocional. ¿Cómo aprendimos las emociones que aprendimos? Siempre las hemos aprendido de manera experiencial, de forma activa, en el día a día y ese debe ser el camino para seguir profundizando nuestro aprendizaje. 

Intentar aprender el mundo emocional a través de un app o un papel o un podcast nos da una idea general de esa cosmología pero no nos entrega la experiencia corporal ni tampoco el aprendizaje que surge al encarnar cada emoción. La cantidad de emociones que conocemos dista mucho del número de emociones que tenemos disponibles y dependiendo de la cultura en la que vivimos tendremos algunas emociones disponibles y otras completamente cerradas. Por ejemplo alguien que ha vivido en constante violencia y sujeto a situaciones de peligro o amenaza, muy probablemente tendrá el enojo y el miedo muy a la mano y quizá la ternura y la alegría sean emociones más difíciles de acceder por no decir, nulas. 

Desde pequeños somos expuestos a las emociones del consciente colectivo en el que vivimos, el país que nos vio crecer y la familia que experimentaba esas emociones de tal manera que si en tu familia no había lugar para el mundo emocional o únicamente existía la emoción de la celebración, estamos frente a una oportunidad inmensa para expandir el rango emocional de nuestra persona. Existen más de doscientas emociones y cada una de ellas contiene un mensaje, algo así como un regalo que nos envía cada una a medida que nos encontramos inmersos en esa piscina. 

Antes de continuar y profundizar más en este tema me gustaría desmitificar una idea que se encuentra muy instalado en la sociedad. La idea de qué hay emociones buenas y hay emociones malas, la idea de qué algunas emociones son positivas, y otras son negativas. La mala noticia es que al ver las emociones desde esta perspectiva nos estamos perdiendo de los beneficios de todas esas a las cuales les hemos otorgado una connotación negativa, la buena noticia es que al aprender que las emociones son neutras entendemos que nosotros somos los responsables de cómo nos emocionamos en la vida. 

La neutralidad emocional no significa que de pronto ya no nos importa el suceso, o que ya no nos molesta una situación, implica que hemos desarrollado la habilidad de auto observarnos para escuchar el mensaje de la emoción y que podemos elegir la manera de relacionarnos con esa emoción en particular. Esto no significa ser emocionalmente inteligentes pues nuevamente, eso sería seguir reduciendo el mundo emocional a la parte mental y lingüística, sino que esto significa ser emocionalmente congruentes de manera que hemos involucrado a nuestro ser físico mental corporal y espiritual en este aprendizaje. 

Las emociones son parte del aprendizaje que los seres humanos venimos a experimentar en este plano y para eso las emociones se sirven de mensajes. Los mensajes que cada una de las emociones envían son pistas, algo así como pequeñas claves que nos invaden irremediablemente y configuran nuestra corporalidad, de esta forma, el mundo emocional nos empuja a una piscina con características particulares. Por ejemplo la emoción de la tristeza nos envía un mensaje donde es importante tomar en cuenta la pérdida, en la alegría la emoción que nos inunda es la celebración, en el enojo la sensación de injusticia nos invade, en el miedo nos damos cuenta de 

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eso que consideramos peligroso, y como esos mensajes encontramos muchos más a lo largo del aprendizaje emocional. 

Mucha gente se pregunta cómo es posible “lidiar” o “danzar” con las emociones cuando nos visitan y nos toman por sorpresa que por cierto, casi siempre es así. Y la respuesta está contenida en la respiración. Para que una emoción se configure completamente necesita de un patrón respiratorio completo. Veamos por ejemplo el patrón respiratorio del enojo. El enojo, es una emoción que respira muy rápido en la inhalación y muy rápido en la exhalación, así como cuando vemos una caricatura de un toro bufando una y otra vez sin parar. En ese patrón respiratorio, rápidamente la mirada se agudiza, las manos se convierten en puños, la espalda se tensa y nuestra voz se hace muy enérgica. Si en ese momento nosotros tomamos respiraciones muy pausadas al momento de inhalar y al momento de exhalar, el enojo va ir reduciendo su intensidad. 

Ojo, no estamos diciendo que sea malo enojarse y sino estamos ejemplificando cómo, a través de la respiración, podemos hacer del enojo un aliado y no un enemigo. El enojo como enemigo nos empuja a pegar, a castigar, a romper cosas, a lastimar y decir palabras hirientes. El enojo como aliado a través de la respiración y los demás patrones, nos permite expresar nuestro mismo enojo desde otro lugar, mostrando fuerza, poniendo límites, dando instrucciones concretas o reclamando cuando hay lugar para ello. 

Es muy común que en este punto las personas se pregunten cuál es la diferencia entre emoción y estado de ánimo y la manera más simple de mostrarlo es que las emociones van y vienen dependiendo de los sucesos de la vida mientras que los estados de ánimo son emociones que se han hecho permanentes en nuestra vida. Si por ejemplo tenemos el juicio de que el mundo es un lugar inseguro, es por que estamos instalados en el miedo o cuando vemos a alguien que vive perpetuamente molestándose, es porque el enojo se han convertido en una constante en su vida. 

El mundo emocional está lleno de posibilidades si nos atrevemos a convertirlas en nuestras aliadas. Todas las emociones nos traen algún mensaje que nos advierte o nos avisa de algo que está por suceder o sucedió y por cierto, las emociones no nos avisan previamente de su llegada sino que comúnmente nos sorprenden en los momentos de la vida menos pensados. Por lo tanto les comparto algunas claves para desarrollar el mundo emocional más allá del mundo lingüístico: 

1. Desarrolla la práctica de la auto observación en todo momento como si vieras una película y 

antes de que nada déjate sorprender por tus reacciones, descúbrete viendo cómo te pones y toma nota. 2. Acostúmbrate a respirar antes de reaccionar. La respiración profunda es el antídoto contra 

cualquier emoción 3. Deshazte de la connotación negativo-positivo, bueno-malo y comienza a ver a las emociones 

como neutras. 4. Las emociones se aprenden por inmersión, no por memorización ni en teoría. Hay que vivirlas y experimentarlas en carne propia. Si quieres experimentar la ternura, busca comunidades donde haya ternura, si deseas medir tu enojo, experimenta el enojo de forma progresiva hasta conocer tus límites seguros y de forma responsable. 5. Date la oportunidad de explorar las fronteras de tu ser emocional: si únicamente te enojas y te 

contentas, de estás perdiendo de ciento noventa y ocho posibilidades en la vida. 

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Gonzalo Córdova Coach Ejecutivo Web: www.gonzalocordova.com Redes: @gonzalocordova 

Gonzalo Córdova cuenta con más de quince años de inmersión en el desarrollo humano, es un experto en innovar seres humanos y dinamizar líderes. Es facilitador, conferencista internacional y coach de procesos de transformación personal y organizacional. Ha acompañado a miles de personas en procesos internacionales de certificación y coaching individual. 

Certificado por la International Coach Federation, nivel PCC y The Newfield Network USA. Ha sido mentorizado por Julio Olalla, referente mundial del coaching ontológico.Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Anáhuac, fundador de Newfield Network México y LSHuman. Ha dirigido procesos con Fortune Companies en más de 25 países. Radica con su familia en San Francisco California, EEUU. 

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