El cambio climático le cambia el juego a las aseguradoras

El cambio climático le cambia el juego a las

aseguradoras

Ante las catástrofes por el cambio climático las aseguradoras

enfrentan mayores costos por siniestros y deben replantear sus

modelos de negocio para mitigar los riesgos.

Por Rosalía Lara

Sequías severas en el norte del país, incendios forestales en zonas antes

consideradas húmedas, inundaciones atípicas en centros urbanos. O fenómenos

como el huracán Otis, que en octubre de 2023 borró del mapa gran parte de la

infraestructura hotelera de Acapulco, devastó viviendas y dejó sin electricidad ni

comunicación a una ciudad de casi un millón de habitantes. Los desastres

naturales provocados por el clima se han acumulado en México en los últimos

años. El Índice de Riesgo Mundial 2024, que evalúa el riesgo de desastres en 193

naciones, coloca al país en la quinta posición con mayor riesgo y la segunda con

mayor exposición.

Otis, que en menos de 12 horas pasó de tormenta tropical a huracán categoría 5,

fue un fenómeno inusual. En una bahía como la de Acapulco, los huracanes no

suelen llegar con tanta intensidad. Y casi un año más tarde, en septiembre de

2024, John, de categoría 3, golpeó Marquelia, a casi tres horas de Acapulco. La

llamaron tormenta zombi por debilitarse a tropical, para convertirse de nuevo en

huracán categoría 1 y volver a golpear la costa.

Es un claro ejemplo de la nueva normalidad climática: fenómenos extremos, más

frecuentes e impredecibles. Otis se convirtió en la tercera catástrofe más costosa

para las aseguradoras en la historia de México, después del covid-19 y del

huracán Wilma, en 2005.

A nivel mundial, el panorama también es complejo. Según el informe ‘Sigma’, de

Swiss Re publicado en 2024, los desastres naturales causaron pérdidas por

291,000 millones de dólares en 2023, de las que solo 117,000 mdd estaban

aseguradas. Esto dejó una brecha de protección del 60%.

Tras los incendios de enero en California, la aseguradora State Farm estima que

sus pérdidas directas ascienden a 7,600 mdd. (BRANDON BELL/AFP/Getty

Images via AFP)

René Ríos, líder de consultoría en Riesgos de Clima y Sostenibilidad para Marsh

Latinoamérica, explica que una de las consecuencias “más claras” del cambio

climático es el incremento en la frecuencia y la severidad de los eventos climáticos

extremos. Es decir, huracanes, inundaciones rápidas, sequías o estrés hídrico.El costo del cambio climático no solo se mide en pesos y centavos. También tiene

efectos sobre la salud, la seguridad y la alimentación. Las olas de calor más

frecuentes provocan un aumento en enfermedades cardiovasculares y

respiratorias. Las inundaciones exponen a poblaciones a enfermedades

transmitidas por el agua y a desplazamientos forzados, y las sequías recurrentes

ponen en jaque la seguridad alimentaria. Entre 1972 y 2010, de los daños

climatológicos, el 52% se concentró en el sector productivo; de esos, el 80% se

registró en el subsector agropecuario y forestal, según la Comisión Económica

para América Latina y el Caribe (Cepal).

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que, a partir de 2030,

el cambio climático causará aproximadamente 250,000 muertes adicionales por

año debido al calor extremo, la desnutrición, la malaria y la diarrea. En México, en

2023, el 87% de las defunciones por desastre natural se debieron a las

temperaturas extremas, señala el Centro Nacional de Prevención de Desastres

(Cenapred).

“Estos datos tienen un impacto económico, porque, al final de cuentas, muchas de

esas personas son sustentos de sus hogares. Y las personas más vulnerables son

las que tienen menores ingresos, que, además, están en zonas rurales”, dice

María de los Ángeles Yáñez, directora interina de la Maestría en Ciencia de

Riesgo del ITAM.

Swiss Re en su reporte ‘Sonar 2024, Nuevos riesgos’, agrega que el cambio

climático también puede provocar escasez de alimentos y agua, y, a su vez,

disturbios y migraciones masivas, lo que podría desestabilizar las sociedades y las

relaciones internacionales.

Un nuevo enfoque

Para las aseguradoras, este escenario significa repensar sus modelos de negocio,

pues enfrentan mayores pagos por siniestros y eventos nunca antes vistos en

términos de velocidad e impacto, por lo que deben actualizar mapas de riesgo y

redefinir primas para seguir siendo viables en un entorno donde los eventos

extremos ya no son la excepción.

“Con el cambio climático, el escenario cambió porque lo que antes era

relativamente predecible, ahora se vuelve de alguna manera muy impredecible y

eso nos impacta como industria en nuestras estrategias de toma de riesgo y

también en el diseño de productos”, asegura Omar Mendoza, CEO de HDI Global

México.

La industria aseguradora depende de sus modelos predictivos para tomar

decisiones sobre a quién cubrir, para qué riesgos, las primas que cobrará y las

reservas que deberá tener. Con escenarios difíciles, el sector va a ciegas. “Como

cada vez hay más eventos extremos, las aseguradoras al final están aumentando

sus pérdidas, están pagando más reclamaciones y, obviamente, baja surentabilidad del negocio”, indica Gema Sacristán, socia de Sostenibilidad y Cambio

Climático de Crecimiento de Mercado de Deloitte Spanish Latin America.

De seguir así, la experta señala que las empresas pueden reconsiderar sus

portafolios y modificar las coberturas a sectores altamente expuestos al riesgo

climático, como el agro. La consecuencia sería un aumento en el precio de los

productos.

Para afinar sus metodologías, las compañías de seguros se han aliado con la

inteligencia artificial, el big data y sistemas satelitales para tener mucha más data

agregada que permita predecir mejor los riesgos, ya que al ser eventos nunca

antes vistos, no hay información histórica. Los modelos actuales son más

dinámicos y utilizan más el aprendizaje estadístico, los modelos probabilísticos y

se aprovechan los desarrollos de programación y las capacidades de cómputo.

“Lo que hacemos es calibrar los distintos modelos que utilizamos con el fin de

tener una mejor evaluación”, dice Óscar Pineda, ejecutivo técnico de Mapfre

México. “Necesitamos mucha información, porque este tipo de eventos no

necesariamente impactan en la misma magnitud”.

Estas herramientas les permiten tener más precisión, no solo para predecir la

incidencia de algún desastre, sino también para ponerle un mejor precio al riesgo y

ajustar las primas de acuerdo a cada cliente, según en qué zona se encuentre,

qué quiere asegurar, la densidad de la población o la probabilidad de ciertos

riesgos, entre otros factores.

El uso de tecnología también permite diversificar riesgos. Por ejemplo, si una

aseguradora tiene un porcentaje de asegurados de algún sector muy expuesto,

busca aumentar su penetración en otros que lo estén menos. Estos nuevos

modelos también permiten a las empresas generar sus reservas y sus

requerimientos de capital. En México, el índice de solvencia del sector es de 3.1

veces, de acuerdo con la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF).

Además, colaboran con gobiernos y organizaciones civiles en programas de

resiliencia climática. En España, Zurich participa en proyectos para reducir la

vulnerabilidad de zonas urbanas ante inundaciones. Y Lloyd ‘s, con el Fondo de

las Naciones Unidas para el Desarrollo del Capital, lanzó un vehículo para

proporcionar financiamiento de riesgos de desastres a los Pequeños Estados

Insulares en Desarrollo del Pacífico.

El dilema

Pero mientras el sector asegurador reconoce los efectos del cambio climático y

paga su costo, también financia sectores considerados altamente contaminantes.

La ONG Insure our Future señala que la mayoría de las aseguradoras, que junto a

los planes de pensiones son los inversionistas institucionales más grandes del

mundo, mantienen inversiones en petróleo y gas. Aunque varias han firmado losprincipios para la inversión responsable de la ONU, más del 80% del mercado

sigue sin aplicar restricciones claras a las industrias más contaminantes.

“No es tanto greenwashing, porque sí que están contando la verdad sobre en qué

están invirtiendo, pero lo que está claro es que hay una falta de coherencia

respecto a lo que digo que hago y cómo me veo afectado y luego en lo que hago”,

comenta Sacristán.

Esta dualidad hace más urgente la necesidad de transparentar a la industria.

Organismos como el Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD),

creado por el Consejo de Estabilidad Financiera, han desarrollado estándares para

que las aseguradoras y otras instituciones financieras informen de manera clara

cómo gestionan los riesgos climáticos. Algunos países ya han comenzado a exigir

estos reportes.

En México, la CNSF ha empezado a trabajar en una guía regulatoria. Y, desde

enero, las aseguradoras en el país están obligadas a integrar los principios ESG

dentro de su gobierno corporativo. Esto implica que deben revisar su apetito de

riesgo a través de un enfoque que contemple la sustentabilidad. E incluye desde la

política de suscripción y los segmentos de negocio que atienden hasta sus

políticas de recursos humanos, indicadores de desempeño y procesos de toma de

decisiones.

Mientras en México hay un avance, a nivel internacional las cosas han cambiado.

Una de las principales iniciativas es la Net-Zero Insurance Alliance (NZIA),

promovida por la ONU, que busca que las aseguradoras eliminen sus emisiones

netas antes de 2050. Sin embargo, varios grandes participantes se han retirado

del compromiso, argumentando presiones regulatorias.

Un futuro con oportunidades

El futuro no pinta sencillo. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el

Cambio Climático (IPCC) ha advertido que, incluso si se cumplen los compromisos

climáticos actuales, el planeta enfrentará un aumento de eventos extremos en las

próximas dos décadas. El principal reto en este escenario es el acceso al seguro.

La penetración en México es baja: apenas el 3.2% del PIB, muy por debajo del

promedio mundial del 7%, de acuerdo con la CNSF. Esto limita la capacidad del

sector para enfrentar la creciente exposición a riesgos climáticos.

Lo más importante en los seguros es el principio de la mutualidad que, en pocas

palabras, quiere decir que las primas de muchos pagan los siniestros de pocos.

“Tener una masa de asegurados muy importante es lo que ayuda realmente a

lograr esa estabilidad para que las aseguradoras puedan cumplir con el pago de

los siniestros”, comenta Yáñez. El otro beneficio de tener una tasa de penetración

mayor son los precios. Con más personas aseguradas, el costo de las primas se

estabilizan, por lo que es más barato asegurarse.Los riesgos del cambio climático serán cada vez más palpables. Según el ‘Informe

de riesgos globales 2025’, elaborado por el Foro Económico Mundial con Marsh

McLennan y Zurich Insurance Group, los ambientales lideran el ranking de riesgos

a 10 años. En ese futuro, las especialistas señalan que el sector asegurador no

puede limitarse a una función financiera. Su conocimiento, su capacidad de

análisis y su experiencia deben posicionarlo como actor clave en la construcción

de resiliencia climática

Esto implica no solo pagar siniestros, sino también influir en políticas públicas y

fomentar la inversión sostenible. También supone un cambio cultural para ver el

seguro no como un gasto, sino como una herramienta de adaptación. “Cuando

ocurren estos fenómenos naturales y se convierten en desastre, los seguros

ayudan a que la recuperación económica sea mucho más rápida porque se

generan estos recursos para atender la emergencia”, dice Yáñez.

También deben ser agentes de cambio al crear conciencia y empujar a sus

clientes hacia prácticas más responsables. Como parte de un sector cuya razón

de ser es la gestión de riesgos, las aseguradoras no solo evalúan, sino que

asesoran a sus clientes sobre cómo reducir sus vulnerabilidades.

Esa lógica debe extenderse a la implementación de criterios ESG. Si una

aseguradora decide incluir en su apetito de riesgo solo a empresas que cumplan

con estos principios, sus evaluaciones deben integrar preguntas como si cuenta

con filtros para tratar el agua residual, manejo de emisiones o procesos de

gobernanza, entre otras medidas. Y según sus respuestas, deberían poder

obtener una prima más baja o enfrentar un ajuste al alza. En casos extremos,

incluso podrían ser rechazadas como asegurables. Este enfoque, explica Yáñez,

se puede convertir en una herramienta poderosa para inducir mejoras.

“El sector asegurador es importantísimo para todos los esfuerzos de adaptación y

resiliencia climática, pero no va a ser una varita mágica. Se tiene que estructurar y

tener un robusto análisis de riesgos para identificar qué estrategias de mitigación,

de respuesta, de recuperación, va a implementar cada una de las empresas y

cómo estos seguros van a ayudar en cada una de esas etapas, dependiendo de

las capacidades financieras y el riesgo que pueda tener”, dice Ríos.

El futuro no ofrece certezas, pero los pronósticos sí permiten anticipar escenarios.

Según el IPCC, los eventos extremos serán más frecuentes e intensos. Las zonas

costeras, las regiones agrícolas y las grandes ciudades enfrentarán retos sin

precedentes y, ahí, el sector asegurador se convierte en un actor clave para

construir resiliencia.

https://esg.expansion.mx/finanzas-sostenibles/2025/07/03/cambio-climatico-

cambia-el-juego-aseguradoras

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