La salud mental en el ámbito laboral
México está lejos de alcanzar estándares sólidos de bienestar laboral en materia
de salud mental, y ello sin necesidad de caer en excesos ni en modelos
paternalistas. La brecha sigue siendo amplia.
Omar Flores Fonseca
Estimados lectores:
Una vez más vuelvo a colocar sobre la mesa un tema incómodo, de
esos que suelen evitarse en los consejos de administración y en los
comunicados corporativos, pero que se viven —y se padecen— todos
los días en los centros de trabajo: la salud mental en el ámbito
laboral.
En meses recientes he conversado con diversos conocidos y
profesionales que han atravesado episodios severos de depresión,
ansiedad y otros trastornos psiquiátricos. Al profundizar en sus
historias, un patrón se repite con inquietante frecuencia: el origen de
estos padecimientos no es personal ni circunstancial, sino laboral.
Jornadas abusivas, liderazgos autoritarios, humillaciones
normalizadas y un silencio institucional que termina por romper a
las personas.
Muchos de estos casos encajan con claridad en figuras ya
ampliamente documentadas a nivel internacional. El workplace
harassment, entendido como conductas no deseadas que generan
entornos hostiles, ofensivos o intimidatorios; el workplace bullying,
caracterizado por comportamientos repetitivos que buscan degradar,
intimidar u ofender, con un fuerte componente psicológico; y la
forma más sofisticada y dañina de todas: el mobbing, un acoso
psicológico intencional y sistemático, ejercido por una persona o por
un grupo, cuyo objetivo es sembrar miedo, angustia emocional y, en
muchos casos, forzar la salida del colaborador.
En México, este no es un tema menor ni ambiguo desde el punto de
vista legal. El marco normativo es claro: el patrón tiene la obligación
de garantizar un ambiente de trabajo seguro y libre de violencia. La
ley prohíbe expresamente el acoso y el hostigamiento, y no solo
sanciona la conducta directa, sino también la omisión. Cuando una
empresa no investiga, no sanciona, no protege a la víctima osimplemente mira hacia otro lado, se expone a consecuencias
laborales y, en determinados casos, a la reparación del daño por
afectaciones a la dignidad, la reputación o la salud emocional del
trabajador.
Aquí conviene subrayar un punto clave: documentar es fundamental.
Mensajes, correos electrónicos, testigos, reportes internos y
cualquier evidencia que demuestre que la empresa tenía
conocimiento de la situación pueden marcar la diferencia. El silencio
corporativo no es neutral; es complicidad.
A esto se suma otra obligación frecuentemente ignorada: la
prevención de riesgos psicosociales. No se trata de una
recomendación ética, sino de un mandato normativo que exige
identificar, evaluar y mitigar factores que afectan la salud mental de
los colaboradores. Sin embargo, en la práctica, muchas
organizaciones siguen tratándolo como un trámite administrativo
más, sin una implementación real.
Existe además una contradicción difícil de justificar. Muchas
empresas ofrecen seguros de gastos médicos mayores como
prestación, pero estos, en la mayoría de los casos, excluyen la
atención psiquiátrica y psicológica. Es decir, se protege el cuerpo,
pero se abandona la mente. Una omisión que resulta
particularmente grave cuando el origen del daño es, precisamente, el
entorno laboral.
Hay que reconocerlo: en México aún estamos lejos de alcanzar
estándares sólidos de bienestar laboral en materia de salud mental, y
ello sin necesidad de caer en excesos ni en modelos paternalistas. La
brecha sigue siendo amplia.
No obstante, no todo es negativo. Comienzan a surgir empresas de
nueva generación —y algunos grandes corporativos, especialmente
de origen transnacional— que han empezado a ofrecer líneas de
apoyo psicológico, acompañamiento emocional y esquemas de
detección temprana. No son soluciones definitivas, pero sí señales de
un cambio incipiente.Reflexión final
La salud mental en el trabajo no es una moda, ni una concesión
generosa del empleador. Es un indicador directo de la calidad del
liderazgo, de la madurez organizacional y de la ética empresarial. Las
compañías que siguen creyendo que el miedo, la presión constante y
el desgaste emocional son herramientas legítimas de gestión no solo
están equivocadas: están construyendo riesgos legales,
reputacionales y humanos difíciles de revertir.
Cuidar la salud mental no debilita a las organizaciones; las fortalece.
Ignorarla, en cambio, es una forma moderna de mala gobernanza. Y
como ocurre siempre con la mala gobernanza, la factura —tarde o
temprano— termina llegando.
https://expansion.mx/opinion/2026/01/15/la-salud-mental-en-el-ambito-laboral
