Los primeros diez segundos: cómo el lenguaje construye tu presencia profesional

Los primeros diez segundos: cómo el lenguaje construye tu

presencia profesional

Ontología del lenguaje, coaching ontológico y el arte de presentarte con autoridad en el mundo

de los negocios

Imagina la escena: estás en un evento de networking, una conferencia o simplemente esperando el café en

una reunión de negocios. Alguien se acerca, te extiende la mano y te pregunta: “¿A qué te dedicas?”.

Tienes, literalmente, unos segundos para responder. Lo que digas en ese instante —y, sobre todo, cómo lo

digas— puede abrir una puerta o cerrarla para siempre. Ese momento, tan breve y aparentemente trivial,

es en realidad un fenómeno lingüístico profundo, y entenderlo desde la ontología del lenguaje puede

cambiar por completo la manera en que emprendedores, líderes y ejecutivos se presentan ante el mundo.

Hoy quiero conversar sobre algo que, en apariencia, parece un simple ejercicio de comunicación —el

famoso “elevator pitch”— pero que, mirado con otros ojos, revela una de las distinciones más poderosas

que ofrece el coaching ontológico: el lenguaje no describe la realidad, la genera.

El lenguaje no es un espejo, es una herramienta de creación

Durante siglos asumimos que el lenguaje era simplemente descriptivo: usábamos palabras para nombrar

cosas que ya existían en el mundo. Esta es la visión tradicional, casi de sentido común, que heredamos de

la lógica clásica. Sin embargo, filósofos del lenguaje como John Austin y John Searle demostraron algo

revolucionario a mediados del siglo XX: existen actos de habla que no describen nada, sino que hacen que

algo suceda en el mismo momento en que se pronuncian. Cuando un juez dice “declaro a esta pareja

marido y mujer”, no está describiendo un matrimonio preexistente: lo está creando. Cuando prometemos

algo, no describimos una promesa, la generamos.

Esta distinción —entre lenguaje descriptivo y lenguaje generativo— es la piedra angular de la ontología

del lenguaje que Rafael Echeverría sistematizó y que Julio Olalla y la red de The Newfield Network

expandieron hacia el coaching ontológico. Y aquí está la primera revelación para cualquier ejecutivo o

emprendedor: cuando te presentas ante otra persona, no estás simplemente “informando” sobre lo que

haces. Estás, con tus palabras, tu tono, tu postura corporal y tu mirada, generando en el otro una

interpretación de quién eres y de qué eres capaz. Esa interpretación —no los hechos objetivos de tu

currículum— es lo que determinará si esa persona quiere seguir la conversación, recomendarte,

contratarte o hacer negocios contigo.

No hablamos simplemente sobre el mundo: al hablar, contribuimos a crear el mundo en el que vivimos. —

Principio central de la ontología del lenguaje

El observador que eres determina lo que ofreces

Uno de los modelos más útiles del coaching ontológico es el del observador, la acción y los resultados.

Según este modelo, no actuamos según “cómo son las cosas”, sino según cómo las observamos; y

observamos según el tipo de observador que somos. Esto es crucial cuando hablamos de presentarnos

profesionalmente: muchos ejecutivos y emprendedores talentosos fracasan en comunicar su valor no

porque les falte competencia técnica, sino porque se observan a sí mismos de manera limitada. Se ven

como “el que hace tal tarea” en lugar de verse como “quien resuelve tal problema” o “quien transforma tal

situación”.

Un coach ontológico no te entrena para memorizar un guion de ventas. Te invita a hacer un trabajo mucho

más profundo: revisar el observador que eres de ti mismo, de tu experiencia y de tu propuesta de valor.Porque solo cuando cambias esa observación interna, tus palabras dejan de sonar ensayadas y empiezan a

sonar verdaderas. Y la verdad —o mejor dicho, la coherencia entre lo que dices, lo que sientes y cómo te

mueves— es lo primero que el cerebro humano detecta en una conversación, mucho antes de procesar el

contenido racional de tus palabras.

Declaraciones de identidad: quién dices que eres, en pocos segundos

Volvamos a esos diez o quince segundos del networking. Desde la filosofía del lenguaje, lo que ocurre allí

es un acto declarativo. Una declaración, según Searle, es un tipo de acto de habla que crea una nueva

realidad por el solo hecho de ser pronunciada, siempre que quien la enuncia tenga la autoridad —otorgada

socialmente o autootorgada— para hacerlo. Cuando dices “soy consultor especializado en transformación

digital para pymes” o “acompaño a fundadores a escalar sus empresas sin perder su esencia”, no estás

simplemente resumiendo tu experiencia: estás haciendo una declaración de identidad profesional.

El problema es que la mayoría de las personas nunca examinó conscientemente esa declaración. La

heredaron de un título universitario, de una descripción de puesto o de la costumbre. Y por eso, cuando la

pronuncian, suena plana, técnica, intercambiable con la de cualquier otro colega del sector. Aquí es donde

el trabajo con un coach ontológico se vuelve extraordinariamente valioso: te ayuda a diseñar —de manera

consciente, encarnada y auténtica— la declaración que quieres hacer sobre ti mismo, alineando lenguaje,

emoción y cuerpo, de modo que en cuestión de segundos comuniques no solo qué haces, sino desde qué

lugar lo haces y para qué le importa a quien te escucha.

El cuerpo y la emoción también hablan primero

Una de las contribuciones más ricas del coaching ontológico, heredada también del trabajo de Humberto

Maturana y Fernando Flores sobre la biología del conocer y la confianza, es reconocer que el ser humano

no es solamente lenguaje: somos una unidad indisoluble de lenguaje, emoción y corporalidad. Esto

significa que tu presentación profesional no ocurre solo en las palabras que eliges. Ocurre también en tu

postura, en tu respiración, en el tono de tu voz, en la emoción de base desde la que hablas.

Un ejecutivo que se presenta desde el miedo a no ser suficiente —aunque use palabras impecables—

transmitirá inseguridad en su cuerpo, y quien lo escucha lo percibirá, muchas veces sin poder explicar por

qué. En cambio, alguien que ha hecho un trabajo somático y emocional junto a su coach, que ha

identificado y transformado esas conversaciones internas limitantes, puede pronunciar la misma frase con

una presencia completamente distinta: con apertura, con calma, con la legitimidad de quien confía en su

propio ofrecimiento. Esa coherencia entre cuerpo, emoción y lenguaje es, en el fondo, lo que llamamos

autenticidad, y es exactamente lo que un networking exitoso requiere.

De la promesa al negocio: el ciclo que sostiene la confianza

Todo negocio, en su núcleo más elemental, es una red de promesas y compromisos mutuos: una oferta,

una petición, una negociación de condiciones de satisfacción y, finalmente, un cumplimiento que

construye o destruye confianza. Cuando te presentas en un evento de networking, en realidad estás

iniciando el primer eslabón de un futuro ciclo de promesas: ofreces implícitamente que tu experiencia

puede resolver un problema, y si la otra persona muestra interés, ese pequeño intercambio de segundos

puede convertirse en una reunión, luego en una propuesta formal, luego en un contrato.El coaching ontológico enseña a diseñar ofertas impecables desde el primer instante: claras, específicas,

legítimas y honestas respecto a lo que realmente puedes cumplir. Esto no solo mejora tu capacidad de

“vender” en el sentido comercial, sino que instala, desde el primer segundo, las bases de una relación de

confianza duradera, evitando la trampa tan común de sobreprometer para impresionar y luego no poder

sostener esa promesa en el tiempo.

Por qué esto importa más que nunca para líderes y emprendedores

Vivimos en un mundo saturado de información, de currículums impresionantes y de discursos

corporativos casi idénticos entre sí. La diferenciación ya no está solamente en la experiencia técnica —

que muchos tienen— sino en la calidad de la presencia con la que esa experiencia se comunica. El

ejecutivo o emprendedor que ha hecho un trabajo de introspección ontológica sabe distinguir entre hablar

sobre lo que hace y encarnar quién es al hacerlo. Y esa distinción, sutil pero decisiva, es la que en un

evento de networking convierte una conversación de treinta segundos en una oportunidad de negocio real.

Aquí vale la pena hacer una pausa y preguntarte, con honestidad: ¿cuándo fue la última vez que revisaste,

de manera consciente, cómo te presentas profesionalmente? ¿Esa presentación nace de una reflexión

propia o simplemente la repites por costumbre? ¿Sientes, en el cuerpo, coherencia y orgullo genuino

cuando la pronuncias, o hay una pequeña incomodidad, una sensación de que “no termina de

representarte”? Esa incomodidad, si existe, no es un detalle menor: es una señal valiosísima de que hay un

trabajo ontológico pendiente.

Cinco recomendaciones prácticas antes de contratar a un coach ontológico

Si después de esta reflexión sientes curiosidad por explorar el coaching ontológico —ya sea para tu

desarrollo personal, para tu liderazgo o para fortalecer la manera en que presentas tu negocio al mundo—

aquí van cinco recomendaciones prácticas que te ayudarán a dar ese paso con criterio:

1. 2. 3. 4. 5. Verifica la formación y linaje del coach. El coaching ontológico serio tiene raíces filosóficas

identificables —Echeverría, Olalla, Flores, Maturana— y una formación estructurada, como la de

Newfield Network. Pregunta con qué escuela se formó y qué marco conceptual utiliza; esto marca

la diferencia entre un acompañamiento profundo y una motivación superficial.

Prepárate para la introspección, no solo para técnicas. Un buen proceso ontológico no te entrega

frases hechas para repetir en un networking; te invita a examinar tus juicios, tus emociones de

base y tu manera de observarte. Llega dispuesto a mirar hacia adentro, no solo a buscar

herramientas externas.

Evalúa la dimensión somática del trabajo. Pregunta si el coach integra el cuerpo y la emoción en

el proceso, no solo la conversación racional. La coherencia entre lenguaje, emoción y

corporalidad es lo que finalmente se percibe en una primera impresión, y un buen coach

ontológico trabaja explícitamente esa integración.

Busca resultados concretos y conversaciones difíciles bien conducidas. El coaching ontológico no

es solamente introspección filosófica: debe traducirse en resultados tangibles, como mejores

conversaciones de venta, negociaciones más efectivas y relaciones de confianza más sólidas con

tu equipo y tus clientes. Pide referencias o casos concretos antes de comenzar.

Empieza con una conversación exploratoria antes de comprometerte. La mayoría de los coaches

ontológicos serios ofrecen una primera sesión de exploración mutua. Aprovéchala para sentir si

hay una conexión genuina y una escucha de calidad; recuerda que este trabajo se sostiene en larelación de confianza entre coach y coachee, y esa confianza se empieza a construir —justamente

— desde las primeras palabras que se intercambian.

Para cerrar: tu presencia es tu primera oferta

Al final del día, cada vez que te presentas ante otra persona —en un evento, en una llamada, en una

reunión de negocios— estás haciendo mucho más que compartir información. Estás ofreciendo, en pocos

segundos, una versión encarnada de quién eres y de qué es posible construir junto a ti. La ontología del

lenguaje y el coaching ontológico nos recuerdan que esa oferta no es un dato fijo grabado en un

currículum, sino algo que se diseña, se cultiva y se transforma con trabajo consciente sobre el lenguaje, la

emoción y el cuerpo.

La próxima vez que alguien te pregunte “¿a qué te dedicas?”, tal vez valga la pena hacer una pausa

interna, aunque sea de medio segundo, y preguntarte: ¿desde qué observador estoy a punto de

responder? Esa pequeña pausa, cultivada con práctica y con acompañamiento profesional, puede ser el

inicio de conversaciones —y de negocios— completamente distintos.

Gonzalo Córdova

Coach Ejecutivo

Sitio web: www.gonzalocordova.com

Redes sociales: @gonzalocordova

Gonzalo Córdova cuenta con más de quince años de inmersión en el desarrollo humano, es un experto en

innovar seres humanos y dinamizar líderes. Es facilitador, conferencista internacional y coach de

procesos de transformación personal y organizacional. Ha acompañado a más de 1,000 personas en

procesos internacionales de certificación y coaching individual.

Certificado por la International Coach Federation, nivel PCC y The Newfield Network USA. Ha sido

mentorizado por Julio Olalla, referente mundial del coaching ontológico. Licenciado en Ciencias de la

Comunicación por la Universidad Anáhuac, fundador de Newfield Network México y LSHuman. Ha

dirigido procesos con Fortune Companies en más de 25 países. Radica con su familia en San Francisco

California, EEUU

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