El “job hugging” suena bien… pero en realidad es un problema generalizado. Te explicamos por qué.

El “job hugging” suena bien… pero en realidad es

un problema generalizado. Te explicamos por qué.

El “job hugging” es la nueva renuncia silenciosa — y te está costando más de lo

que crees. Esto es lo que los líderes pueden hacer para resolver este problema

generalizado.

PO RAYTEKIN TANK

Conclusiones Clave

El mercado laboral que desencadenó la Gran Renuncia luce muy diferente

hoy. Con una incertidumbre económica disparada, la inteligencia artificial

desplazando empleos y los recortes golpeando industrias que parecían

sólidas (como tecnología y finanzas), los empleados temen por sus

puestos.

La estabilidad laboral y el compromiso de los empleados son dos cosas

distintas: puede que tu equipo no esté renunciando en masa, pero eso no

significa que esté comprometido.

Ahora los empleados practican el “job hugging”: se aferran a su trabajo por

miedo, no porque realmente quieran estar ahí.

Primero fue la Gran Renuncia, cuando los empleados abandonaron sus

insatisfactorios trabajos a raíz de la pandemia. El hartazgo de volver a la oficina, el

deseo de bajarle el ritmo a la rutina diaria y el optimismo de que algo mejor estaba

por venir impulsaron la ola y, por un tiempo, los trabajadores tenían todas las

cartas en la mano.

Luego el viento cambió de dirección y entramos en la era del quiet

quitting o renuncia silenciosa : los empleados seguían en sus puestos, al menos

en el papel, pero hacían lo mínimo indispensable. La cultura del esfuerzo sin

límites había perdido fuerza y los trabajadores ya no estaban dispuestos a fingir lo

contrario.

Ahora hemos entrado en una nueva fase: el job hugging, en la que los empleados

se aferran a sus puestos con tanta fuerza que corren el riesgo de asfixiarlos.

Para los líderes, eso podría sonar como una buena noticia. La rotación ha bajado,

los escritorios están ocupados y el caos de los últimos años parece, por fin, estar

asentándose. Pero estabilidad no es lo mismo que compromiso, y es

importante que los líderes tengan clara esa diferencia. Esto es lo que

necesitan saber.

Por qué los trabajadores se aferran a sus empleos con uñas y dientesEl mercado laboral que impulsó la Gran Renuncia luce muy distinto hoy. En su

momento, el job hopping tenía recompensa. Los trabajadores más jóvenes, en

particular, adoptaron el cambio frecuente de empleo como estrategia para

conseguir mejores sueldos y títulos más atractivos. Y funcionaba. Según un

informe de H&R Block, casi un tercio de la Generación Z cambió de trabajo, y el

35% declaró haberlo hecho con el objetivo explícito de aumentar sus ingresos.

Pero los tiempos han cambiado. Con una incertidumbre económica disparada y

recortes que golpean industrias que parecían sólidas (como tecnología y finanzas),

los trabajadores están nerviosos. Los incentivos que los empujaban a buscar

nuevos empleos han desaparecido, al tiempo que las contrataciones se

desplomaron y las prestaciones se esfumaron. La inteligencia artificial (IA) también

está pasando factura: automatiza miles de puestos de trabajo, y se espera que

siga haciéndolo.

En pocas palabras, no es necesariamente que los trabajadores estén encantados

con sus empleos. Más bien no parece ser el mejor momento de hacer olas. En

enero de este año, la rotación laboral se encontraba en su punto más bajo en

nueve años.

Para los líderes, un colaborador que se queda por miedo y uno que se queda por

compromiso pueden parecer idénticos. Al fin y al cabo, ambos están en su

escritorio, frente a la computadora, aparentemente haciendo su trabajo. El

problema es que la diferencia, tarde o temprano, se hace evidente.

Lo que los líderes pueden pasar por alto sobre el job hugging

Lo complicado del job hugging es que no parece un problema, al menos no al

principio. Pero un empleado que se aferra a su puesto por miedo no funciona igual

que uno que está genuinamente comprometido con su trabajo.

Para los líderes acostumbrados a medir el compromiso a través de las cifras de

retención, la diferencia puede ser difícil de detectar. Sin embargo, hay algunas

señales reveladoras que he notado, tanto entre mis propios colaboradores como

en conversaciones con otros directivos de mi red.

Un ejemplo: hace poco, una de nuestras responsables de marketing me planteó

un problema. Una integrante de su equipo no estaba rindiendo mal, exactamente.

Hacía su trabajo, pero sus ideas habían perdido la chispa creativa que las

caracterizaba. Esta empleada era una figura destacada precisamente porque se

arriesgaba; sus propuestas tenían un enfoque original que difícilmente alguien

más habría tenido.

Pero en los últimos seis meses, esa luz parecía haberse apagado. Había dejado

de proponer ideas audaces y de expresar su desacuerdo cuando el rumbo de un

proyecto no le convencía.Cuando nuestra responsable de marketing finalmente se sentó a hablar con ella, la

razón quedó clara. Estaba aterrada. Los titulares sobre despidos la perseguían y

se había convencido de que lo más seguro era hacerse pequeña. Si no levantaba

demasiado la voz, razonaba, nadie tendría motivos para escudriñar demasiado su

puesto.

Eso, precisamente, es el job hugging. Probablemente ni siquiera fue una

decisión consciente de su parte, pero eso no lo hace menos real. Si notas que

alguien en tu equipo está más ansioso o estresado que antes, menos

comunicativo, o aparentemente conforme en un puesto que probablemente ya le

queda chico, puede que tengas a un job hugger en la oficina.

Qué pueden hacer los líderes

Los líderes harían bien en abordar este problema de forma proactiva. No se trata,

sin embargo, de emitir advertencias ni aplicar sanciones, sino todo lo contrario:

redoblar la apuesta por la mentoría y crear oportunidades de desarrollo para frenar

el estancamiento.

En tiempos de tanta incertidumbre, mantener conversaciones regulares con los

colaboradores puede ser muy útil para entender sus preocupaciones y su relación

con el trabajo. También es el momento de reforzar la mentoría. La IA representa

una amenaza real para los puestos de nivel inicial, con consecuencias

potencialmente graves: los trabajadores más jóvenes corren el riesgo de no

desarrollar las habilidades que necesitarán para asumir roles más avanzados a lo

largo de su carrera. Los buenos líderes destinarán recursos reales a crear un

ambiente de crecimiento y estabilidad, asegurándose de que los colaboradores se

sientan valorados.

En última instancia, el objetivo es que los empleados abracen su trabajo con

confianza, no que se aferren a él por miedo. Un equipo comprometido y

entusiasta siempre rendirá mejor que uno demasiado nervioso e inquieto como

para dejar brillar su creatividad.

https://spanish.entrepreneur.com/emprendedores/el-job-hugging-suena-bien-pero-

en-realidad-es-un-problema-generalizado-te-explicamos-por-que

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