Si quieres ser emprendedor, tienes que aceptar
esta dura verdad
Afrontar el estrés no significa evitarlo, sino actuar, establecer prioridades y seguir
adelante.
POR DAVID BUSKER
Conclusiones Clave
• La acción es el antídoto contra el estrés: evitar los problemas solo los
agrava, mientras que actuar con decisión genera soluciones.
• Los emprendedores deben enfocarse en las tareas de mayor valor y
apoyarse en su equipo, herramientas y sistemas.
• Los imprevistos son inevitables, pero la curiosidad, la creatividad y la
disposición para adaptarse distinguen a los negocios que prosperan de los
que fracasan.
Dejémoslo claro desde el principio: si buscas el camino de menor resistencia,
el emprendimiento no es para ti. No hay manera de evitarlo:
como emprendedor vas a enfrentarte a situaciones estresantes. Sin embargo,
el estrés no es un estado fijo. Parte de convertirte en el mejor emprendedor que
puedes ser consiste en desarrollar mecanismos para afrontarlo y transformarlo en
soluciones positivas.
Como emprendedor, conozco muy bien las presiones que vienen con el trabajo.
¿Problemas con la nómina? Dependen de ti. ¿Un fallo en la campaña de
marketing? También es tu responsabilidad. ¿Asegurarte de que las operaciones
diarias marchen bien mientras diriges el rumbo general del negocio?
Definitivamente, también recae en ti. Todas esas presiones se acumulan, y
aprender a manejarlas requiere habilidades de afrontamiento conscientes y
deliberadas.
La única verdad definitiva que he descubierto es esta: el antídoto contra el
estrés es la acción. No la evasión, no fingir que los problemas no existen, no
posponer las decisiones: acción. A continuación, detallo tres grandes tipos de
factores de estrés que, según mi experiencia, pueden descarrilarte como
emprendedor, y cómo enfrentarlos a través de la acción.
Abrumado por las tareas
Lo escuchamos todo el tiempo: “No hay suficientes horas en el día”.
Especialmente cuando eres un emprendedor nuevo, descubrirás que tienes más
tareas de las que podrías completar en una jornada. A diferencia de un trabajoprofesional donde existen métricas claras de éxito, indicadores de desempeño
(KPIs) o entregables que puedes medir y presentar a un jefe, ser dueño de un
negocio no ofrece ese tipo de estructura. Hay matices, situaciones que requieren
tu atención, sistemas que configurar, planes que elaborar y proyectos que
desarrollar… y eso antes de que algo salga mal.
Esa ambigüedad puede llevar a algunos a volverse adictos al trabajo, intentando
en vano tachar la mayor cantidad de pendientes posible. A otros puede empujarlos
a descuidar tareas importantes, permitiendo que pequeños problemas se
conviertan con el tiempo en grietas más grandes. Entonces, ¿cuál es la
solución? Delegar, incluso dentro de los límites de tus recursos.
Lo primero es lo primero: prioriza no según la cantidad de tareas que puedas
terminar, sino según el valor de cada una. Suelo decir que no existe la “gestión
del tiempo”, solo la gestión de prioridades. Define tus prioridades antes de
sumergirte en los detalles de cualquier tarea. Piensa en ti como un médico de
triaje que debe enfocar su atención rápidamente: identifica lo más urgente y
atiende primero las tareas que ofrecen el mayor impacto. Luego, delega aquellas
que no sea absolutamente necesario que tú realices como dueño del negocio.
Apóyate en tus empleados, en las herramientas tecnológicas y en
la automatización.
La inmensidad del camino
Uno de los mayores desafíos para los emprendedores es la abrumadora amplitud
de opciones sobre cómo invertir su tiempo. Preguntas amplias como
“¿Qué debería hacer?” o “¿Y si tomo una decisión equivocada?” pueden generar
miedo e inacción. Muchos emprendedores se paralizan simplemente por no saber
qué hacer.
Para recuperar perspectiva frente a estas dudas, acepta que el emprendimiento
implicará muchas tareas que te sacarán de tu zona de confort. El malestar
suele verse como algo “malo”, pero es momento de cambiar esa narrativa. Pide
ayuda, investiga, descubre cómo otros emprendedores han enfrentado esas
mismas preguntas.
Después, mantente dispuesto a cambiar y adaptar tu enfoque. Al liberarte del
juicio que implica no tener todas las respuestas y enfrentar los desafíos con
curiosidad y apertura, puede que no termines exactamente donde imaginabas,
pero es posible que llegues a un lugar con más oportunidades de las que habías
soñado.
Los imprevistosHay cosas que simplemente no pueden preverse. Tal vez se desplome la bolsa, tal
vez tu local se inunde o tal vez ocurra una pandemia global. Pensemos en el caso
del COVID-19: todos los dueños de negocios en Estados Unidos tuvieron que
enfrentarlo y, en cierto modo, ese evento se convirtió en un gran igualador. Hubo
muchos fracasos y errores, pero también hubo quienes lograron transformar ese
desafío colectivo en una oportunidad.
En cierto momento, quedó claro que no hacer nada era una forma segura de
cerrar el negocio. Mientras algunos aceptaron su destino, otros se pusieron
creativos. Y si bien sería injusto decir que todos los negocios afectados por la
pandemia podrían haber sobrevivido con suficiente ingenio o determinación, sí es
importante aprender de aquellos que lograron adaptarse y prosperar pese a las
circunstancias.
Date la mejor oportunidad posible: haz un compromiso contigo mismo de hacer
todo lo que esté en tus manos para mantener el éxito, y cultiva la disposición de
defenderte a ti y a tu empresa a toda costa. Puede sonar un poco espiritual o
idealista, pero si no estás dispuesto a luchar por tu negocio cada día, estás
firmando su propia sentencia de muerte. Deja atrás las ideas preconcebidas
sobre cómo debería ser manejar tu propio negocio, acepta el trabajo poco
glamuroso y mantén la vista firme en el objetivo final, no en las frustraciones
o los obstáculos del momento.
Si decides dar el salto y convertirte en dueño de un negocio, estás aceptando que
habrá cierto nivel de estrés en tu vida. Pero la clave para canalizar ese estrés y
transformarlo en algo productivo es la acción.
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tienes-que-aceptar-esta-dura-verdad
