Mexicanos desperdician hasta 80 kg de comida por
persona al año
By Expoknews
En México, el problema del alimento no siempre está en la escasez. Muchas
veces, está en lo que dejamos ir. En la fruta que se madura de más, en el pan que
se queda al fondo de la alacena o en las tortillas que sobran después de cada
comida. Lo cotidiano, lo aparentemente menor, está construyendo una crisis
silenciosa.
Hoy sabemos que cada persona puede desperdiciar hasta 80 kilos de comida al
año. Mientras tanto, la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX) logró
rescatar más de 204 mil toneladas en 2025. La comparación no es menor: revela
una brecha estructural entre lo que se pierde y lo que se logra recuperar, una
señal clara de que el desperdicio de comida en México sigue siendo un desafío
sistémico.
Desperdicio de comida en México: lo que pasa dentro del hogar
De acuerdo con El Economista, el desperdicio de comida en México comienza, en
gran medida, en casa. No como una decisión consciente, sino como resultado de
hábitos arraigados: compras sin planeación, porciones excesivas y una gestión
limitada de los alimentos.
Los productos más desperdiciados —frutas, verduras, pan, harinas y tortillas—
reflejan algo más profundo que una simple pérdida. Hablan de una relación
cotidiana con la comida marcada por la inmediatez y la improvisación. La
despensa, lejos de ser un espacio de organización, se convierte en un punto
crítico del problema.
Desde una perspectiva de responsabilidad social, esto implica reconocer que el
cambio no solo depende de grandes actores, sino también de millones de
decisiones individuales que, acumuladas, definen el rumbo del sistema
alimentario.
Más que comida: el costo ambiental y económico
Hablar de desperdicio es también hablar de recursos. Cada alimento que no se
consume arrastra consigo agua, energía, transporte y horas de trabajo que se
pierden sin retorno. El impacto, por tanto, va mucho más allá de la mesa. Esteenfoque ha llevado a replantear el problema como uno que atraviesa lo social, lo
ambiental y lo económico. No se trata solo de alimentar a quienes lo necesitan,
sino de evitar pérdidas que afectan la sostenibilidad de todo el sistema.
Entender el desperdicio como un fenómeno integral es el primer paso para
diseñar soluciones que realmente estén a la altura del desafío.
Desperdicio de comida en México vs. capacidad de recuperación
El desperdicio de comida en México también se evidencia cuando se contrasta
con los esfuerzos de recuperación. En 2025, BAMX operó con 59 bancos de
alimentos en 30 estados, atendiendo a más de 2.6 millones de personas.
Su infraestructura —bodegas, cámaras de frío y flotas de transporte— permite
rescatar alimentos desde centrales de abasto, empresas y productores, para
redistribuirlos donde más se necesitan. Es una operación logística compleja que
demuestra que el rescate es viable.
Sin embargo, la escala del problema sigue superando estos esfuerzos. Lo
recuperado representa solo una fracción frente a los millones de toneladas que se
desperdician cada año. La capacidad existe, pero el reto sigue siendo mayor.
Infraestructura social que sí funciona
El modelo de los bancos de alimentos ha evolucionado hacia una estructura
organizada y eficiente. No se trata solo de donaciones, sino de un sistema que
clasifica, conserva y distribuye alimentos con rapidez y precisión.
En 2025, esta red logró entregar millones de paquetes nutricionales y alcanzar
miles de comunidades en todo el país. Esto no solo impacta en la reducción del
desperdicio, sino también en la atención de la inseguridad alimentaria. Desde la
óptica ESG, estas iniciativas representan un claro ejemplo de cómo la
colaboración entre sector privado, sociedad civil y comunidades puede generar
valor compartido.
Medir para no desperdiciar
Uno de los grandes pendientes en México es la falta de medición actualizada. Sin
datos claros, el problema se diluye y las soluciones pierden efectividad. Lo que no
se mide, no se puede transformar. Iniciativas como Pacto por la Comida buscanprecisamente cambiar esta lógica, promoviendo la medición, la trazabilidad y la
mejora continua en los procesos productivos y de distribución.
Este enfoque es clave para transitar de la reacción a la prevención. Porque más
allá de rescatar alimentos, el verdadero reto está en evitar que se conviertan en
desperdicio.
Prevenir desde el origen
La sobreproducción es uno de los factores más invisibles del problema. Muchas
veces, los excedentes se generan desde el inicio, por estimaciones imprecisas o
falta de planeación en la cadena productiva. Ajustar la producción a la demanda
real no solo reduce pérdidas, también mejora la eficiencia económica de las
empresas. Es una oportunidad clara para integrar criterios de sostenibilidad en la
operación.
La donación seguirá siendo necesaria, pero no puede ser la única respuesta.
Prevenir el desperdicio desde el origen es, sin duda, la estrategia más efectiva a
largo plazo. El desperdicio de comida en México no es un problema aislado, sino
el reflejo de un sistema que aún tiene grandes áreas de oportunidad. Desde el
hogar hasta la industria, cada eslabón juega un papel en esta cadena de pérdidas.
Cerrar la brecha entre lo que se desperdicia y lo que se recupera implica algo más
que buenas intenciones. Requiere datos, coordinación y una transformación en la
forma en que entendemos el valor de los alimentos. Porque al final, lo que hoy
parece un hábito cotidiano, es también una oportunidad para construir un sistema
más eficiente, justo y sostenible.
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